jueves, octubre 19, 2017

LA ENFERMEDAD Y LA MOTIVACIÓN

Desde antes del temblor, empecé a sentir ciertas molestias en estómago. Fui al doctor y era mi intestino que estaba inflamado, seguro por comer tanto en la calle y por la colitis. Mi doctora no quiso escatimar en precauciones y para descartar cualquier otra cosa me mandó a hacer un ultrasonido abdominal: todo estaba bien: riñones, páncreas, vías biliares; sin embargo, descubrieron algo que sólo eso y un examen de sangre podrían mostrar: tengo esteatosis moderada, es decir, hígado graso.

Aunque la doctora me calmó y me dijo que quería descartar con el estudio que tuviera piedras en los riñones o en el hígado, yo no quiero jugarle al vivo y les diré el porqué: Mi abuelita, la mamá de mi mamá, falleció por cirrosis hepática antes de cumplir los 60 años. Las deficiencias en el hígado son hereditarias y aunque mi mamá no ha tenido problemas como esos (no bebe alcohol y durante gran parte de su vida comía poco), yo de niño tuve hepatitis a, que me alejo de la gente por tres meses. A reserva de un mejor diagnóstico sobre mi hígado, soy propenso a las enfermedades del órgano: cirrosis, las otras hepatitis y las peores: fibrosis, necrosis y cáncer.

La información médica que hay en internet y mi doctora me han tranquilizado un poco, pero a la vez me ha dado una solución para este problema: tengo que bajar de peso. Ya no es opcional. Sólo así puedo bajar la grasa del órgano y mantenerlo sano. Esta decisión me obliga a dejar muchas cosas que me gustan hasta que logre ese objetivo: beber alcohol (si el hígado no está bien, puedo dañarlo con dosis más allá de los 60 ml), dejar las carnes rojas y todo lo que tenga grasas saturadas; cambiar mi dieta por una llena en verduras, frutas, legumbres y mucha agua. Mi papá tiene una opinión bastante razonable al respecto: “¿Vas a dejar de disfrutar de la vida y todo lo que ofrece sólo por el placer de la boca?”. Le di la razón, su lógica es aplastante.

Desde hace un tiempo, he tratado de cambiar mi perspectiva de las cosas: ver las crisis como zonas de oportunidad para hacer mejores cosas. Después del temblor me propuse vivir intensamente, disfrutar de mi familia, mis amigos y la gente que me quiere, viajar, hacerme de mi propio espacio, intentar cosas nuevas, perder el miedo hacia el futuro, leer más, amar más, agradecer más… y eso no lo puedo hacer si mi salud está en riesgo.

Por eso, he decidido darme un año para bajar de peso (según leí, debe hacerse de forma moderada, ya que perder kilos de forma estrepitosa, puede sobrecargar al hígado y complicar su bienestar). Comencé esta semana evitando las grasas y las carnes rojas, comiendo en fondas o comprando ensaladas con pollo o atún. De inmediato mi cuerpo reacciona extraño por el cambio de dieta, pero sé que al rato me voy a acostumbrar y no sólo veré los resultados en mi cuerpo, me sentiré bien con ello.

Soy una persona rara y esto puede sonar muy tonto: si nada me obliga, puedo seguir en las mismas. Quizá por eso buscaba con tanto ahínco una beca donde fuese imperativo escribir y avanzar en tu proyecto para mantenerla. Por eso me endeudé cuando no tenía motivaciones para trabajar en el pasado; fue una tontería que ese fuera mi leit motiv, pero no podía abandonar mi chamba y tenía que pagar cada mes. Ahora veo esto como la oportunidad perfecta para el cambio físico; igual obligado por las circunstancias. La vida no carece de ironías.

Quería avisarles a los que leen este blog y me conocen: Me siento motivado con esto y sé que pronto podré disfrutar la vida como ustedes. También es una lección para mí: debo llevar una vida moderada de excesos. La vida es demasiado corta como para agotarla pronto por descuidos. Si te conozco, quiero que sepas que te quiero mucho y haré lo posible por verte pronto; pero quiero que me veas mejor, para disfrutar de gran manera de nuestro tiempo en esta existencia.

Si no te conozco: Me llamo Gerson Obrajero y estoy motivado para bajar de peso.

Nos vemos en el futuro.

miércoles, junio 14, 2017

CHOOSE LIFE!


Elige la vida. Elige una playera. Elige un pantalón. Elige una canción para empezar el día. Elige comer hasta reventar, para soportar la pesadumbre del estrés del trabajo que te da para vivir. Elige escribir un post para un blog que nadie va a leer, excepto tú; y sin embargo el hacerlo te dará paz. Elige un six de chelas, para beberte la soledad mientras estás en un maratón de series en Netflix. Elige mirar tu smartphone a cada rato, para alejar al fantasma del FOMO y sentir que eres parte de lo que sucede en el mundo. Elige Twitter, crea una cuenta falsa para vomitar palabras en la alterna y mantener una imagen en la oficial: quizá sientas que eso te dará algo de paz. Elige un filtro en Instagram o Snapchat y finge como los demás una vida que no tienes, una alegría que todos suponen, una postura que es tu estandarte en donde todos quieren parecerse a algo. Elige un litro de agua al día o dos, no importe cuántos tomes o cuánto evites el refresco, ya no estás en edad para bajar de peso de inmediato. Elige vivir solo, para que puedas masturbarte con las bocinas abiertas. Elige a Dios, pero sólo para cuando te conviene, sin las ataduras que quieren ponerte sus tuertos seguidores. Elige ropa cómoda, porque el Slim-Fit sólo le queda a los que se mueren de hambre. Elige la música que “tiene algo que decir y no vuelve a la gente estúpida”. Elige unos audífonos, para desconectarte de la estupidez del mundo y hallar en el ritmo la concentración para trabajar. Elige a alguien para conversar en WhatsApp e intenta convencerlo para salir y explicarle que no habrá nada mejor si a ti te eligen. Elige la nostalgia, pero sólo para recordar que el futuro que nos espera es novedoso y brillante. Elige la sabiduría en la “Era del fin de la razón”. Elige la inteligencia cuando todo mundo se ríe viendo estupideces en pequeñas pantallas. Elige innovar, no sólo seguir el camino que otros han trazado; sino crear otras formas. Elige equivocarte, pero sólo si tienes la capacidad de aprender de tus errores. Elige no endeudarte, las tarjetas de crédito son la nueva forma de esclavitud. Elige la quincena y baila porque te han depositado a tiempo en tu cuenta. Elige beber despacio, las crudas a tu edad no son una experiencia efímera. Elige extrañar: a los que están lejos, a los que ya no están, a los que quieren verte y a los que no, a tu familia que te ama y a los que no quieren verte. Elige el sexo, porque te hace hombre, llena vacíos y genera otros, porque es el regreso al origen. Elige ser feliz, porque no sabes si habrá una nueva oportunidad en el futuro. Elige el mindfulnes, ya que para estar en paz es necesario perdonarte y aceptar las cosas como son. Elige el amor, ya sea que te amen o no, te lo demuestren o nunca lo sepas de ellos. Elige escribir, aunque te hayas decepcionado de ello, pero al hacerlo encuentras la libertad que las águilas tienen al dominar los aires. Elige un tema para sacar todo lo que está en un alma por un momento. Elige el futuro, porque algún día llegarás a él. Elige ser tú. Elige la vida.

miércoles, febrero 22, 2017

TAL VEZ NO LO SEPAS...

Para Annie:

Tal vez no lo sepas (y digo “tal vez” porque las mujeres tienen el increíble don de la intuición), pero desde que te conocí no he dejado de pensar en ti…

Tal vez no lo sepas, pero recuerdo haberte visto hace 5 ó 6 años en Twitter y decir: ¡Qué mujer tan bella! También debo confesar que chasqueé los dedos cuando supe tiempo después que tenías novio. Deseé en ese momento hablarte como hoy te hablo y conocerte más. Nunca me imaginé que sería por esta red social que nos empezaríamos a hablar más y que habría chance de ser amigos.

Tal vez no lo sepas, pero en cada chance de verte en Twitter, quería llamar tu atención. A veces creo que comentaba cada cosa que ponías y me esforzaba en mis respuestas, quería que en ellas vieras quién era y creo que lo logré. Aún así, me sentía muy lejos. Éramos amigos en la red social y en ese momento creí que las cosas no cambiarían, porque no tuiteabas mucho y hubo un tiempo que te fuiste a vivir lejos.

Tal vez no lo sepas, pero fue muy sorpresivo para mí que Quique me dijera que me conocías, que me mandabas saludos y que ubicaras dónde trabajo. Eso fue lo que me dio pie a acercarme más, a pedirte tu WA, a invitarte a salir. Me preguntaba cómo serías fuera de Twitter, si serías igual de tierna, de directa, de buena vibra; si a pesar de ser de mundos tan distintos podríamos llevarnos bien. Nuestras primeros chats y el primer café me habían dicho que estaba conociendo a una mujer muy especial, una excepcional. Antes de ese día, habíamos quedado en salir antes y no se dio; pero tú no lo olvidaste. Me emocionó mucho que me quisieras conocer.

Tal vez no lo sepas, pero desde esa noche en Reforma 222, quería verte todos los días: Ese par de horas platicando me parecieron como 20 minutos. Se dio tu viaje a Europa y pensé que te olvidarías de mí; sin embargo, tu foto de Roma, evocando una de las películas que te recomendé alegró mi día. Los días que te mandaba mensajes calculaba 6 ó 7 horas más para enviarte mensajes a horas prudentes. No podía esperar a que regresaras e invitarte a los tacos, pero en vez de eso, me invitaste a tu fiesta de cumpleaños.

Tal vez no lo sepas, pero no me he divertido tanto desde hace mucho que en tus fiestas. Recuerdo que me encantó verte bailar tango, hacer esos juegos divertidos donde hay que beber. Me gustó mucho conocer a tus amigos y saber más de ti por lo que ellos recordaban de la amistado contigo. Ahí fue cuando supe en verdad dónde me estaba metiendo, descubrí lo noble, sensible y decidida que eras, lo fan de Disney que eres, lo mal que lo habías pasado en el amor anteriormente y lo bien que te sentaba ser el alma de la fiesta.

Tal vez no lo sepas, pero yo no entiendo cómo alguien no está decidido a pelear por tu cariño a pesar de todo. Cómo no pueden ver en ti la voluntad que necesita para llevar al barco de amor a buen puerto, la pasión con la que vives. No se dan cuenta que vale la pena enfrentar a dragones por ver tu sonrisa, tus ojos, hasta tus muecas todos los días. Desconozco cómo no se inspiran en ti para ser capaces de protegerte de todo mal.

Tal vez no lo sepas (o quizá sí), pero esto es lo que tú me inspiras…

Tal vez no lo sepas, pero he querido decirte esto desde hace mucho tiempo. Las idas al cine son las peores oportunidades para expresar lo que uno siente, porque el tiempo de platicar es muy poco. Quiero demostrarte que no soy como los demás hombres, que sólo necesito una oportunidad para hacer tu mundo más brillante; que no importa lo que nos traiga el futuro, sé que dos siempre será mejor que uno. Si algo me han enseñado los últimos años es que vivir es de valientes y yo soy uno por ti.

Tal vez no lo sepas, pero falté el día que querías ir por tacos porque era en mi horario laboral, no me importó ir a comprar los boletos hasta la taquilla de Altavista para ver esa película, ni concertar nuestras citas cerca de tu casa y lejos de la mía a altas horas de la noche, ni recorrer media ciudad para disfrutar de tu posada (la mejor para mí en años). Haría eso y más si tan sólo pudiera verte y escuchar tu voz, aunque sea tan solo unos minutos. A vece siento que me das el superpoder de hacer cualquier cosa: Así es la forma en que me gustas.

“Tal vez no lo sepas”, o quizá si… lo que te decía sobre la intuición: Era una duda que era más grande que mis ganas por contarte esto en el poco tiempo que a veces tienes. Tal vez no lo sepas, pero soy escritor y por eso tantos párrafos. Sé que esto puede ser muy directo, pero es la forma que más me gusta. Si a ti te gustó, podría escribirte cosas mejores, ya que te las mereces. Creí que ya era tiempo de que decirlo, porque desde que desde que te conocí no he dejado de pensar en ti.

¿Qué sigue? Ojalá podamos escribir el siguiente párrafo juntos…



Te quiere.
Gerson.

viernes, agosto 05, 2016

ALETYA, LA MÚSICA Y LOS SUEÑOS

Cuando era niño, acababa de ver una película en la televisión y mi mamá me mandó a dormir. Antes de alcanzar el sueño, le pregunté si los sueños se hacen realidad. Ella, con su dulce voz y brillante voz me dijo que sí, que todo lo que soñara lo podía tener...

Nunca fui muy constante en la realización de ellos. Tiempo después, aprendí que la magia es algo que tú creas y que hay cosas que vale la pena apartar tiempo, esfuerzo y sobre todo constancia para que sean posibles. Una de las especialidades del mundo es de enterrar nuestros anhelos y yo fui cómplice para enterrar los míos. Yo quería ser escritor, un buen comunicador, alguien que pudiera influir de forma positiva en las personas. Lo más que logré fue terminar como Community Manager por mi tiempo excesivo en internet, por ello he vivido experiencias que nunca creí experimentar y conocido personas increíbles, una de ellas es Aletya.



Hace como 12 años, yo creía que Internet era como el Viejo Oeste, en el que todos teníamos derecho a reclamar un pedazo de tierra para nosotros, sin las restricciones que tenía el "mundo real" y eso lo vi en servicios como MySpace. En ese entonces, era una red en la que muchos músicos se dieron a conocer, subieron música y se volvieron populares. Yo tenía este blog, pero abrí mi cuenta para seguir a estas bandas musicales nacientes, muchas de ellas eran de México. En 2006, entre todas ellas, alguien que me llamó mucho la atención fue Aletya, Primero por el inusual nombre, pero también por su propuesta musical: un electropop fino y bien hecho, muy rítmico. Ahí su música me atrapó, en especial su rola Y mientes...



A través del mismo MySpace, la contacté para usar su música en un podcast que al final nunca salió. Ella fue muy accesible y me dijo que estaba empezando su carrera, igual que yo, y seria genial promoveríamos mutuante. No volví a saber de ella hasta como por 2010, creo que por Twitter. Ella vive en Puebla y me decía que había dejado de hacer música y que había encontrado trabajo como maestra de música. La notaba desilusionada y me compartía videos de los días en los que se presentaba en festivales locales.


Durante los últimos años, hemos desarrollado una bonita amistad por las redes sociales: Amamos con locura la Bossa Nova, los boleros, nos encanta David Bowie y el rock clásico, hasta creo que tenemos formas muy similares de ver la vida y entre charlas por DM le confesaba mi deseo de que ella volviera a la música. Yo creí que ella ya se había rendido y de pronto, entre 2012 y 2013 lanzó su primer álbum: "Aldea Imaginaria". Dio un cambio radical a su música y le dio un toque más acústico e íntimo, sobre todo, letras más profundas y cargadas de sentimiento. De ese álbum recuerdo con cariño Champán y chocolate:



Vamos, obtuvo una nominación en los Indie Music Awards (IMAS) y su canción Dance The Dream salió en la tercera temporada de Capadocia. Después sacó como sencillo individual, mi rola favorita de ella, una balada romántica en la que se atrevía a crear palabras y significados: Me traes glissando:



Siempre me invita a irla a ver a Puebla y tiene como 2 años que no lo he podido lograr. Me he vuelto muy fan de esta nueva etapa. Me da gusto ver que su estilo sigue en constante evolución y que se ha hecho un espacio para seguir construyendo su sueño de hacer música. Hoy tengo el honor de presentarles su más nueva canción. Es una colaboración con Tate Klezmer Band, agrupación que hace música propia de Europa del Este. La combinación se vuelve brutal y el resultado es como una polka llena de vida, un ritmo que no puede dejarte indiferente que encaja perfectamente con la voz de Aletya.



La canción se llama Si te digo que te quise:



Mientras escucho esta rola, me evalúo a mí mismo. ¿Por qué dejé morir mis sueños? ¿Por qué al menos no me doy un tiempo para intentarlo una vez más? Aletya para mí es un ejemplo de no traicionarte a ti mismo, de no rendirte antes las adversidades y de que el talento sin esfuerzo se vuelve un adorno. Cada que puedo, le muestro no sólo mi admiración sino el cariño que me provoca su amistad. Creo que con su capacidad y tenacidad, el único límite que tiene es el cielo. Por mi parte, creo que tendré que hacer un esfuerzo para rescatar esa parte de mí que escondí por una un otra razón y que cada noche me recuerdan que están ahí, esperándome, como una asignatura pendiente en mi destino. Ahora que lo pienso, al ver lo que ella ha logrado, veo que mi mamá tenía razón: los sueños sí se hacen realidad.

Nos vemos en el futuro.

martes, mayo 10, 2016

MAMÁ, TE DEBO TANTO...

Para María Teresa, mi mamá:

Mamá, te debo tanto y no sé cómo pagarte...

¿Cómo se paga el amor? Ni el que yo te tengo creo que sea suficiente. No me alcanza para pagar las noches de desvelo cuando he estado muy enfermo, o los días que a diario trabajabas para darme un mejor mañana. Me siento muy en deuda por aquellas tarde en las que platicamos y se nos van las horas. Ni todo el dinero del mundo es suficiente paga pagarte el haberme hecho ser quien soy, tanto que no puedo definir mi vida sin tus enseñanzas y sin el cariño que me demuestras todos los días.

¿Podría pensar siquiera una cantidad? Ni el dinero que me has prestado, el que me has dado cuando me he metido en problemas, ni siquiera cuando te convencía de darme dinero para ir a la tienda de revista por un cómic y más... todo ello, hasta la más mínima cantidad o duplicada, triplicada o aumentada hasta el infinito, no basta. Tu apoyo en los momentos más difíciles de mi vida y tu oído hacia mis razones desesperadas y a mis sentimientos más profundos, hasta tus intentos infructuosos por echarme ánimos que al final siempre terminan por hacerme reflexionar lo mal que estoy, todo ello y más es impagable.

¿Cómo pagar las risas, la buena vibra, inclusive las peleas? No puedo valuar tus preciados consejos, tu esfuerzo por que siempre estemos unidos, porque siempre actuemos como una familia, tu fe en mi (aún más grande de la que yo tengo en mí mismo) y el ayudarme sin pensar el el pasado o en el futuro. ¿Qué puedo ofrecer a cambio de que me veas mejor que el mundo, que creas que tengo talentos que ni yo mismo me creo a veces? Creo que gracias a ello no puedo rendirme ante los fracasos de la vida, porque sé que, aunque la vida se empeñe en aplastarme con el tonelaje de la frustración; al menos sé que hay alguien que cree que puedo levantarme y seguir luchando la buena batalla.

¿Acaso Dios mismo podría prestarme para saldar esta deuda? Cada que analizo mi vida y empiezo a contar a las personas más valiosas que tengo a mi lado, me siento muy feliz de que hayas estado desde el principio conmigo, cargándome desde pequeño, tomándome la mano después y en cada abrazo que nos damos, en cada llamada telefónica y mensajes con emoticones. Creo que terminaré debiéndole más a Él porque te puso a ti por mi mamá y porque no sé qué sería de mí sin tu presencia en mi vida. Lo imaginé hace rato, antes de escribir estas palabras y el panorama era desolador: soy una mejor persona gracias a ti.

Mamá, te debo tanto y no sé cómo pagarte: Por darme la vida, por apostarle al amor desde el primer momento en que supiste de mí, desde el primer respiro y los primeros rayos de luz que inundaron mis ojos; porque, sin saberlo, estás llena de amor y merece aún más del que tienes, porque nunca te rindes, nunca te haces pequeña ante los problemas, porque tu voluntad de leona es la que pone orden a la sabana, porque siempre me has puesto tu hombro para llorar, tu oído para escuchar y tus abrazos para sentirme a salvo. ¿Cómo se paga todo eso, cómo se paga todo? Hay una canción que dice,"al final, el amor que te llevas es igual al amor que das". No puedo más que agradecer a Dios todos los días por tu vida, por lo que me tú has dado y pedirle al Creador de todas las cosas que te multiplique toso ese amor que todos los días das.

Te amo, siempre.

Tu hijo Gerson.

miércoles, abril 27, 2016

DIEZ AÑOS DESPUÉS...

(...o: VIVE LATINO: UN TOUR POR LA NOSTALGIA)

Hay un dicho que suele ser lapidario: “No es lo mismo Los tres mosqueteros que Veinte años después”. Curiosamente ambas son novelas de Alexandre Dumas y sólo hubo un año de diferencia entre la publicación de ambas, aunque sí existe el evidente salto temporal en la historia. Este dicho atribuye la razón de que la primera obra fue mejor de la segunda (o por lo menos con notorias diferencias). ¿Será que, como versa otra de estas piezas, “los tiempos pasados siempre fueron mejores”? Esa misma pregunta me hice al volver este domingo al Vive Latino: 10 años después de la primera vez: ver post 1 y post 2 (mayo 2006).

El boleto fue uno de esos beneficios que tuve por el trabajo y ese domingo no había decidido si usarlo; inclusive lo consulté en Twitter y ahí movieron mi conciencia. Vivo a media hora del Foro Sol, no tenía ninguna expectativa, pero tampoco nada bueno qué hacer. Como aquella primera vez, no sabía si bajarme en Velódromo o en Ciudad Deportiva. Con el boleto en la bolsa del pantalón, cuidando de que no se fuera a salir, sin bloqueador solar en la piel y con el dinero de la semana en la cartera. Al hacer check-in en el recinto de Iztacalco, el primer comentario en Facebook fue de Skene, a quien conocí hace 10 años y me acompañó esa vez al Vive: fue el inicio a un tour sin escalas por la nostalgia.

Amé que ya no existiera el largo trayecto y los tres puntos de revisión de la primera vez; en 5 minutos ya estaba en el primer escenario, disfrutando de una banda que no había escuchado antes y que me sorprendió por la frescura de su propuesta. Parecía que era la primera vez que Surfistas del Sistema salían de su país y ante un público sucinto pero entregado, se envolvieron en el éxtasis de la satisfacción por saberse agradables: la mejor experiencia de sus vidas, según el vocalista. Desde ahí supe que sólo era el inicio de un buen domingo.

Surfistas del Sistema.

Hubieron dos puntos de inflexión del día: el primero fue llegar a escuchar a Chetes. La catarsis me dio un puñetazo en la cara al escuchar Que me maten: recordé a Marisol, mi acompañante preferida del cine, de las veces en las que salíamos, del Centro Cultural España, de lo mucho que la quise y de esos tiempos en los que creía que todo era posible. Tomé en cuenta que el álbum Blanco Fácil salió hace diez años y estuve a punto del llanto en cuanto escuché Poco a poco: había salido de la carrera, amaba los blogs, había cortado con Érika y había ido a ese Vive con Adriana (Crazygirl en su bitácora) de Tampico. Quería ser periodista y no tenía idea de lo que serían Twitter y Facebook en mi vida. No tenía un buen trabajo y muchos kilos menos que hoy. Cuando volví en mí, Chetes había cerrado su participación con Efecto Dominó y decidí romper mi regla de eventos y partidos de fútbol: fui por un vaso de cerveza cara. Las circunstancias lo ameritaban.

Gorrita de trailero.

Me arrepentí de no llevar gorra por el sol, que asaba todo el terreno y me compré una gorra de camionero. Estuve un poco en el escenario donde estaba la buena ondita de Kanaku y El Tigre y después fu donde estaba Ibeyi: un par de gemelas que eran cubano-francesas, hablaban en español pero cantaban en inglés y en dialectos africanos. Una onda Chill Out con muy buena vibra, lo que me puso a punto para lo que sería una de las grandes bandas que vi esa noche: The Chamanas. Tardaron un poco en salir, pero la espera valió la pena: un rock místico y potente, baladas poderosas y tan bien interpretadas, una energía que sólo voy a experimentar una vez en la vida, un momento único que me regalaron estos tipos de Ciudad Juárez/El Paso, Texas.

The Chamanas con el GRAN Mauricio Ruíz, de Los Ángeles Negros.

Amaya, impresionante y a veces Janis Morrisoniana de The Chamanas.

En el camino hacia el otro escenario estaba Porter con demasiada gente para el espacio que tenían. Casi nunca fui fan pero hasta ellos despertaron mis nostalgia: recordé MySpace y toda esa nueva música que escuché de 2005 a 2008 y volví al tango de los 10 años: recordé a una excompañera del trabajo, muy fan de ir a conciertos, que se sorprendía que con tanto amor y conocimiento que tengo de la música, yo no fuera un tipo que va mucho a conciertos. Quizá ella (de todas las veces que le escuché hablar sandeces) esta vez tenía razón: había perdido tanto tiempo sin disfrutar de la experiencia de la música en vivo: inigualable, que te eleva como la marea alta, que te llena como la luz que vence a la noche, que vuelve un momento más grande que la vida misma, tan necesaria como una adicción.

Subí a las gradas a escuchar a Of Monsters and Men; no soy muy fan pero debo reconocer que tocan muy bien y sonaban muy profesional. En realidad, sólo hice tiempo viendo mi cuenta de Twitter mientras empezaba Vicentico: el segundo punto de inflexión. Extraño mucho al Vicentico de Los Rayos; y aunque esta versión Rock/Pop de ahora no está mal, deseo que regrese esa fuerza de la naturaleza que era el vocalista de Los Fabulosos Cadillacs. Sin embargo, ese Vicentico volvió en dos canciones: la primera fue una acústica Mirando a la luna, fue inevitable recordar a Itzel, antes Venusina; hoy La Innombrable. He querido olvidarla tanto y he fracasado rotundamente en cada oportunidad, esa es una de sus canciones favoritas y deseé ser el tipo de atrás que estaba besándose con su novia tan apasionadamente como le era posible, quería que fuéramos nosotros dos: algo que nunca sucederá. La segunda canción fue una versión balada rock de Basta de llamarme así: ¡Suprema! Algún día les contaré porqué esa canción me recuerda a alguien muy cercano y amado, también les diré mi sentir ante la situación con la que lucha día a día…

Casi al último, Vicentico tuvo el detalle de coronar como rey al príncipe con una emotiva versión de Purple Rain.

Desde las gradas vi a Café Tacvba, los reyes del Vive, en su mood de revisitar sus discos que cumplen 20 años, le tocó al Avalancha de Éxitos. Tocaron todos esos covers que contiene ese álbum: los que más amo son Perfidia que es instrumental, Alármala de tos (de Botellita de Jerez) y la entrañable Cómo te extraño, mi amor de Leo Dan. Después se fueron a sus éxitos, Ingrata y Las Flores retumbaron el lugar; pero en El baile y el salón, los Tacvbos fueron esos viejos mosqueteros de los que escribió Dumas, con falta de brío a pesar antiguas y gloriosas páginas de la historia.

A lo lejos, cantando "Ay amor divino, pronto tienes que volver..." como un Mantra.

A las 10 de la noche supe que ya era suficiente para mí. Como decía el sabio Rey Salomón en Eclesiastés 7:10: No te preguntes ¿por qué los tiempos pasados fueron mejores que estos? Porque en ello no hallarás sabiduría. Es cierto, porque en algún punto de esa tarde me cuestioné cuánto tiempo había perdido, cuánta gente se había ido, qué estaba haciendo con mi vida: cuestiones que básicamente siempre me han perseguido en la vida, me han atormentado las respuestas; pero con el tiempo aprendes a dejar el pasado atrás y a que esas preguntas te impulsen a tomar decisiones en el presente. Aún tengo vida y cada minuto es valioso porque es único e irrepetible, aún con lo circular que puede ser la existencia; quizá las oportunidades pasadas no volverán; pero eso no me exime de vivir nuevas y de crear futuros que serán tiempos pasados aún más brillantes.

Si pudiera explicar todo lo que he cambiado en 10 años, este blog se quedaría corto. Este es testigo de muchas páginas gloriosas y otras no tanto. Lo que he aprendido en este tiempo es que tengo que disfrutar cada momento de su vida, con lo bueno y lo malo, con quien está y quien no, mirando hacia adelante. Al revisar uno de los post del Vive (con todo y lo mal que escribía en ese entonces), definí ese primer sábado de Festival como “fue un día muy chido y que quedará muy presente en mi memoria como uno de los más importantes y definitorios de mi vida”.

Este domingo, 10 años después, también lo fue…

Gerson en el Vive Latino: Izquierda: En 2006. Derecha: En 2016.

Si llegaste hasta esta parte del texto, mil gracias.

Nos vemos en el futuro. :)

lunes, febrero 29, 2016

AÑO BISIESTO

Para la señito Vodka:

Cada cuatro años tengo un día más para extrañarte. Gracias a los errores del calendario gregoriano, febrero tiene un día más en el que eres bella; en el que el viento llega; roba parte de tu esencia y en su infinita gracia, llega hasta a mí por la nariz, recorre cada parte que has tocado con tu piel y por el torrente sanguíneo llega hasta mi memoria. Haces latir tan fuerte mi corazón cuando tú estás; pero no es el mismo cuando estás ausente, como los años con un día menos, esos años aciagos e infelices que no son bisiestos.

Cuento los días para escucharte hablar de música, para que me compartas lo que pasa por tu oídos; para que cantemos a Bowie, para que bailemos con Morrissey y su Have the pleasure of singing what you mean?, para que me beses con con The Doors y le quites su lugar a Paul como La Morsa. El cielo sabe lo miserable que soy cuando la ausencia tuya me atrapa y no hallo cómo solucionarla; quiero resolverlo todo como si fueran matemáticas, el tiempo intenta cambiarme pero no puedo alcanzar al tiempo, adelantarlo al momento en el que vuelvo a mirar tu tiernos ojos, esos brillantes que conectan con los míos cuando nos queremos.

Extraño tu voz suave endulzando mi oído, diciendo que quieres quedarte conmigo. Extraño cada uno de tus ángulos, lo quebrado de tu cabello a veces negro o rojo o castaño. Extraño cuando logro hacerte sonreír, pero más cuando te logro hacer sonrojar. Extraño aferrarme a tus caderas, como si un tornado me fuera a alejar de ti, ser un explorador del placer en tu cuerpo y descubrirte en más de mil formas. Mi cama te extraña tanto que cada noche vivo en un desierto sin el oasis de tus besos, las arenas cortan mi piel y nublan mi vista, sólo en los espejismos de mi nostalgia puedo tenerte cuando no estás. Hasta extraño tus mensajes, esos que me alegran el día cuando me llegan, como la brisa del mar en un día caluroso.

No me desprecies por ser bueno, tú conoces más allá de lo que la gente ve y sabes mi valía. Una vez logré que mis palabras atravesaran tu piel y calaran tus huesos. Mi diosa del vodka, te rezo todas las noches, esperando que vuelvan tus favores de afrodita, bendíceme con la gloria de tus ojos y con el paraíso de tus placeres. Hada perversa que con el hechizo de tu mirada enchinas mi ser. Sin ti, la cerveza me sabe a nada, la música se vuelve monoaural, el frío se vuelve insoportable. Vive recostada en mi pecho desnudo y duerme toda una tarde conmigo, ignoremos al tiempo, a la distancia, al desamor, a los demás: esos que nunca han importado entre tú y yo.

Sé que lo único que tengo son estas palabras y quizá haya mejores que yo; que puedan darte más y que hasta quizá logren cautivarte mejor. Te quiero tanto que no puedo desear más que tu felicidad conmigo o sin mí. Y aunque tengo la música, mis recuerdos de ti y mis amigos para sobreponerme a tu ausencia; sé que el viento me llevará tu esencia a donde quiera que vaya, porque sé que al menos he dejado una parte de mí en ti, una que sé que hará que tú me extrañes, al menos un poco. Los días 29 de febrero, invariablemente se me hará recordarte por tu cumpleaños, aún se hará más necesario evocarte por una simple razón: Cada cuatro años se me hará más difícil extrañarte, porque tendré más días para hacerlo; esos especiales que se dan cada año bisiesto.

Feliz cumpleaños. Te extraño siempre.

Gerson.